¿Ya existía el bar? Esta pegunta siempre quedará en el aire. Analizando las fotos históricas que cuelgan de las paredes incluso nos parece descubrir una imagen de cuando se inauguró y otra donde una nota de prensa advierte a los propietarios del riesgo que supondría aspirar a un premio por su “interiorismo”.
La desgraciada mezcla de materiales, el uso erróneo de las bombillas, los elementos que van creando un cierto caos en la barra, la adaptación de los taburetes a una altura imposible son algunos de los detalles que crean en el visitante una sensación de “no diseño” tan necesaria actualmente en Barcelona.
Tampoco falta en la entrada un pequeño ejemplo de arte floral, otro guiño a una nueva profesión donde el mal gusto a veces alcanza limites insospechados.
Se podría considerar que este primer espacio es un homenaje a los miles, millones de bares del país en el que el propietario también ha asumido la función de decorador, interiorista y arquitecto.
No pretende ser un bar kitch y posiblemente está más cerca de ser un bar vulgar. O un vulgar bar. |