Esos montajes con los que intentamos obsequiar a los viandantes, tienen dos actos y muchos intérpretes. En el primero participan las miles de personas que transitan a diario por Passeig de Gràcia, un bulevar salpicado con algunos de los edificios más bellos y representativos de la arquitectura modernista, en uno de los cuales está instalada la tienda, cerca del más famoso y fotografiado de todos: La Pedrera, obra de Gaudí.
El segundo acto requiere una participación más activa: si se tiene interés en conocer el mensaje comercial implícito, hay que detener el paso y fijar la mirada.
En definitiva, no se trata de rizar el rizo, sino de ver las cosas con otros ojos. En este caso, al menos, la práctica demuestra que utilizar un poco de poesía en el ámbito comercial puede ser un valor añadido. |